sábado, 2 de agosto de 2008

Flitz


No es una mañana cualquiera. Hoy toca cortar el césped. ¡Maldita hierba verde con lo buena que está fumada!, se dijo en una autoconfesión el jardinero Flitz que no debía tener más de 25 años ante aquella puerta blanca. Pese a que su profesión le venía desde su bisabuelo, no terminaba de disfrutar con aquellas ocupaciones, casi todas, centradas en arreglar los jardines de Kens Avenue, una de las grandes manzanas doradas de la ciudad.
El número 69 pertenecía a la rica familia James-Covern. Flitz, tocó el timbre a la espera de que la puerta se abriera. Sin embargo, nada pasó. Sacó de su bolsillo la lista y sí, estaba seguro, hoy era la casa número 69. Decidido a que nadie le pudiera imputar una falta de profesionalidad o retraso en su tarea, recorrió la casa por la parte exterior del jardín. Al oír un cuchilleo, tras unas tablas blancas, decidió asomarse.
A la mañana siguiente todos los medios locales hablaban del asesinato del jardinero Flitz. Los primeros datos según la policía es que su recto había explotado por albergar una cantidad ingente de agua. En el cesped se halló una nota manuscrita de la Sra James-Covern que decía: ¿Me riegas?
Autor: Nin@delapuerta
www.fernandortega.com

viernes, 1 de agosto de 2008

Océanos


Miradas agudas de gaviota,

faz infinita recluida entre las sedas de un cálido velo azul.

Océanos:

donde la boca del pez semeja un trozo de burbuja

buscando los secretos íntimos del aire;

en donde la ternura procede de la caricia larga de unos dedos oblicuos

que brotan en el borde de las algas.

Mares hilvanados entre la sal de un tiempo sin nombre

y las anaranjadas dudas del ocaso;

cementerios de conchas y de nácares,

círculos de luz en el fondo más secreto de los días del abismo.

Océanos: trozos de manos llorando desencuentros…


Autora: Lola Bertrand

Llueve






Las sombras me tejen,
como una cuenta de cristal,
como agua petrificada,
al crepúsculo de todos los dioses.

Llueve.

Gotea el amor desde mis ojos
al fondo oscuro de las desilusiones.
Búsqueda inútil del forense
disecando mis neuronas encriptadas
como meninges expuestas a todas las infecciones estelares.

Llueve.

Resbala tu silencio en la ausencia diaria
mientras te percibo en cada centímetro
de mi entorno, salvo en mi, cuenco vacío,
crisol helado de sangre nueva.

Llueve,
y el nuevo mar que nos separa
consume hora a hora las arenas.




Autora: Luci Garcés


Diciembre 2007


http://blogs. tsrsys.com/ blogs/?w= letraslibres


http://blogs.lavozdegalicia.es/lucigarces/

Espacios




Existe siempre un espacio en la memoria...:


Salías del baño, húmedo tu pelo


,mirabas al suelo, sonreías.


Dijiste no sé qué.




(El cigarro sabía a absintio, pero era necesario).




La cama al fondo, oferente de todo, abierta su boca blanca, virgen.


Al sentarte, un tirante caído alboreó tu pecho sobre la seda negra,


te cubriste.




Mi mano rehilaba sobre tu mejilla.




Arregazaste la transparencia que cubría tu piel de fuego y nieve.


Los dedos fueron a encontrarse con la noche...




Hoy, la vida acaba conmigo


de forma milimétrica y exacta,


ayudada por el tiempo


y por la misma noche envejecida.






Autor: Luis A.

En el puente solo estamos...


«Sur le pont, il n'y a que moi et mon enfant:
Robe fanée, faibles épaules, visage blanc.
Un bouquet dans les mains».
(En el puente solo estamos yo y mi niña:
Vestido desteñido, hombros endebles, rostro blanco.
Un ramo de flores en las manos).
Oscar Wladislas
...........................
En el puente solo estamos
tú y yo,
y los eclipses furtivos del agua
donde el críptico lenguaje de los besos es un milagro
que se prolonga en tus labios.
Je t'aime, nos pas le disent,
nuestros pasos, se anteponen al tiempo,
a la memoria dormida de los siglos,
a la agrietada mirada de los árboles
que deja sus tumores de sal eterna
en las estatuas y en las piedras.
Solo estamos…
cada una de nuestras miradas es un descubrimiento
con sus noches de alfabetos y palabras,
como si no existiese cobijo para el invierno
derraman su delicada sangre en el filo húmedo del aire.
Porque ya no conservamos nada
de los silencios que nos vistieron.
Cae la lluvia sobre los puentes de París:
Pont de l'Alma, Pont de Bercy, Pont Notre-Dame,
Petit-Pont, Pont Marie, Pont Mirabeau…
y no hay otro color sino el tuyo en la lluvia
llamando insistentemente a los fantasmas
que en el eco desdoblado de las estatuas y las piedras
siguen buscando caricias.
Tout dans tu j'es,
todos mis caminos van a ti
para unir geografías de agua y tierra.
En el puente solo estamos,
tú y yo…
interrumpiendo el sueño helado de los parques
donde llegan barcos sin memoria y sin olvido
a desnudar sus tristezas,
aceras que enredan luciérnagas en tu pelo,
farolas que dejan puntadas de luz en el corazón.
Porque tu amor es otro río,
parce que ton amour est une autre rivière,
parce que je veux mourir en étant une eau, une rivière entre tes mains.


Je t'aime, nos pas le disent (te amo, lo dicen nuestros pasos).
Tout dans tu j'es (todo en mí eres tú).
Parce que ton amour est une autre rivière (porque tu amor es otro río).
Parce que je veux mourir en étant une eau, une rivière entre tes mains (porque quiero morir siendo agua, un río entre tus manos).


© TRÁNSITOS Y GEOGRAFÍAS
Autor: Francisco Javier Silva
http: //francisco javiersilvasanchez.blogspot.com

Esa lluvia se traga la luz del día


Llueve. Hoy llueve y esa lluvia se traga la luz del día. En algún lugar se encuentra escondido un trozo de azul. Tengo las uñas rotas de tanto escarbar entre las nubes. Son pozos de algodones grises que parecen no tener nunca fin.

Llueve, hoy llueve.

Parsimoniosa y lúgubre, la lluvia habla sin pausa con el cristal: lo atonta, lo enloquece, llena de vaho sus ojos de mirar al mundo. Cada gota es un ayer que resbala en la lámina pulida de los días. La sangre se me va convirtiendo en agua dentro de las arterias, circula libre por mi cuerpo sin que yo ponga freno a su avance. El frío entumece las articulaciones. La faz se repuebla con miles de surcos por donde la lluvia se cuela y forma cauce.

Llueve, hoy llueve y el tiempo esta cubierto de humedad.El goteo, continuo, casi inhumano, consigue apagar la lumbre. Las brasas que, noche tras noche, iluminaban la oscuridad, se han convertido en un pequeño montón de cenizas. Siento cada uno de mis huesos como si fueran garfios incrustados en la carne. El aire huele a cadaverina. Se asfixia la voz estrangulada por su propio silencio.

Llueve. Llueve de una manera persistente y continua. Más bien diluvia. Mis oídos no lo resisten. No son capaces de soportar la monótona ausencia de cualquier otro sonido. Los ojos y la boca se rellenan de dolor: un dolor sin tacto ni forma. Mi sombra forma charcos.

Charcos amorfos que se tragan la luz. Sobre la pared pinto una estrella con mi nombre. Debajo enciendo miles de minúsculas velitas. Me tiendo en el suelo y cierro los ojos…¡Por fin hay paz y calor en mi entorno!

Desde lejos, creo soñar que la lluvia arrecia… ¿o son lágrimas?


Autora: Lola Bertrand

Aluvión zoológico



"Érase una caverna de agua sombría el cielo;

el trueno, a la distancia, rodaba su peñón…" (1)


Playa Varesse, una de las playas más populares de Mar del Plata, a la que suelen concurrir los veraneantes de clase jamón del medio,mezclados con los habitantes de los hoteles sindicales, parecía ungigantesca pingüinera esa tarde de enero. Solo que los pingüinos llevaban mallas (bañadores para los amigos peninsulares), en vez de fracs plumosos. Y protegían sus cuerpos del sol sin ozono, con coloridas, livianas y volátiles sombrillas chinas. Muchos disfrutaban de un baño en nuestras heladas aguas y muchos más, en abigarrado conjunto, se dedicaban a la manducación; por lo genera debo decir que estas aves se alimentaban de medias lunas y churros rellenos con dulce de leche y sorbían mate de bombilla, ya que es sabido que esa es la bebida favorita por estas pampeanas playas. De pronto, se oscureció el cielo, y un viento distinto barrió la arena.

Los bañeros recorrieron la playa e instaron a los pingüinos, que persistían en la mateada vespertina, a arriar petates y bártulos porque en buen criollo: "se veía venir un aguacero".

Hubo pingüinos resignados, diligentes y perezosos, pero hasta los más rezagados optaron por emprender la retirada.

..............


"Como caliente polen exhaló el campo seco

un relente de trébol lo que empezó a llover…"


Los pingüinos se convirtieron en termitas. La enorme playa, vista desde el murallón, era recorrida por un ejército unidireccional que caminaba, acompasado y a buen ritmo, provocando en el espectador lavisión del ejército persa en las Termópilas. Diríamos en este caso,que las Termópilas eran la salida del balneario, que, por estrecha, obligaba a achicar filas mientras se escuchaba un murmullo cada vez más potente: "Se viene, ¡ay que se viene…!" Y los mismos que, diez minutos atrás, se remojaban con gusto en las aguas procelosas, ahora pugnaban por atravesar la puerta para evitar el diluvio sin importarles demasiado si el vecino cargaba con tres niños, el termo, la heladerita portátil, o la suegra.

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"Una fulmínea verga rompió el aire al soslayo;

sobre la tierra atónita cruzó un pavor mortal…"


El rayo fue el último aviso. El desfiladero, que une la playa con el Torreón del Monje, se transformó en pista de trote. Al ídem unidireccional marcharon las ex termitas para ponerse a cubierto

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"Y un mimbreral vibrante fue el chubasco resuelto

que plantaba sus líquidas varillas al trasluz…"


De ahí en más: la estampida. Los búfalos avasallaron los kioscosplayeros y todo objeto que se opusiera a su paso. Se abrieron las sombrillas chinas, y más de un ojo estuvo a punto de salir de la órbita correspondiente, atravesado por una varilla fuera de sitio

............


"Saltó la alegre lluvia por taludes y cauces,

descolgó del tejado sonoro caracol…"


La manada avanzó, atroz, por el Boulevard Peralta Ramos con un único objetivo: no mojarse las mojadas mallas y los mojados pelos, ya que parece que a los veraneantes no les sienta igual el agua que ya está en el mar, que la que cae del cielo

.............


"Cristalina delicia del trino del jilguero.

Delicia serenísima de la tarde feliz."


Los búfalos devinieron en mansas vaquitas apenas dejó de llover. La Rambla entre el Casino y el Hotel Provincial (una plaza seca, embaldosada y absolutamente ridícula para hacer un picnic) fue la llanura donde volvieron a aposentarse. Termos y vituallas brotaron de los bolsos. Evidentemente, reinó la pereza para desandar el camino y volver a la playa, pero nadie quiso encerrarse, en pleno veraneo, en el pequeño departamento o en la minúscula habitación del hotel sindical. Sin duda, el anhelo de felicidad es inherente a todas las especies, incluidos los demasiado humanos veraneantes de mi amada Mar del Plata.



Autora: Cati Cobas

4 de marzo de 2005

(1) Nota: Los entrecomillados pertenecen al "Salmo Pluvial" de LeopoldoLugones

Agua de olvido


Aquí.
Entre sus aguas trepa un relámpago que nace en las entrañas del lago. El salto de agua se agita. A su vera, gotas que se cuelgan en los juncos de la orilla, forman jardines de luz.
Qué desierto de nubes. La lluvia gozosa duerme en su refugio de otoño.
Llora el lago, y es azul su rostro, cuando la Vieja Luna le consuela. Tras la lluvia de brillos irisados, como tus besos sobre mis labios trémulos, brota con fuerza la lascivia de los campos sembrados de mies.

Allí.
Estar lejos de tu lado, cambia la forma de mis recuerdos como las olas del mar sobre la playa. ¿Sabes por qué? Porque ya no me sientes. Oigo el son de tu indiferencia entre las piedras de un acantilado huérfano. Todo está más triste. Las gaviotas picotean los restos hediondos de la alegría de estar juntos. Minutos de soledad, que mueren en la orilla soñada, y la marea se lleva los cadáveres a las profundidades de un tenebroso mar.

Ahora.
En vano intento caminar sobre la arena. Todo está oscuro. Solo un poco de luz tiembla a lo lejos, en el límite que separa el mar del cielo, es, que creas en la sinceridad de mis palabras de amor.

Aún.
No he apagado la esperanza.

Aquí, allí, ahora, aun.
¿Es posible que sean mentira tus besos? ¿Qué no fue realidad que mis manos pulsaran tu cintura, piernas y las más sutiles partes de tu cuerpo, aquel verano en las islas del mar Egeo?

Acá.
Todo parece disperso. Estoy triste.

Actualmente.
¿Condenado al olvido, como la marea que besó nuestros cuerpos desnudos aquella noche de plenilunio, y no regresó nunca más?

Autor: Atho de Jazaria