
Existe siempre un espacio en la memoria...:
Salías del baño, húmedo tu pelo
,mirabas al suelo, sonreías.
Dijiste no sé qué.
(El cigarro sabía a absintio, pero era necesario).
La cama al fondo, oferente de todo, abierta su boca blanca, virgen.
Al sentarte, un tirante caído alboreó tu pecho sobre la seda negra,
te cubriste.
Mi mano rehilaba sobre tu mejilla.
Arregazaste la transparencia que cubría tu piel de fuego y nieve.
Los dedos fueron a encontrarse con la noche...
Hoy, la vida acaba conmigo
de forma milimétrica y exacta,
ayudada por el tiempo
y por la misma noche envejecida.
Autor: Luis A.

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