viernes, 1 de agosto de 2008

Esa lluvia se traga la luz del día


Llueve. Hoy llueve y esa lluvia se traga la luz del día. En algún lugar se encuentra escondido un trozo de azul. Tengo las uñas rotas de tanto escarbar entre las nubes. Son pozos de algodones grises que parecen no tener nunca fin.

Llueve, hoy llueve.

Parsimoniosa y lúgubre, la lluvia habla sin pausa con el cristal: lo atonta, lo enloquece, llena de vaho sus ojos de mirar al mundo. Cada gota es un ayer que resbala en la lámina pulida de los días. La sangre se me va convirtiendo en agua dentro de las arterias, circula libre por mi cuerpo sin que yo ponga freno a su avance. El frío entumece las articulaciones. La faz se repuebla con miles de surcos por donde la lluvia se cuela y forma cauce.

Llueve, hoy llueve y el tiempo esta cubierto de humedad.El goteo, continuo, casi inhumano, consigue apagar la lumbre. Las brasas que, noche tras noche, iluminaban la oscuridad, se han convertido en un pequeño montón de cenizas. Siento cada uno de mis huesos como si fueran garfios incrustados en la carne. El aire huele a cadaverina. Se asfixia la voz estrangulada por su propio silencio.

Llueve. Llueve de una manera persistente y continua. Más bien diluvia. Mis oídos no lo resisten. No son capaces de soportar la monótona ausencia de cualquier otro sonido. Los ojos y la boca se rellenan de dolor: un dolor sin tacto ni forma. Mi sombra forma charcos.

Charcos amorfos que se tragan la luz. Sobre la pared pinto una estrella con mi nombre. Debajo enciendo miles de minúsculas velitas. Me tiendo en el suelo y cierro los ojos…¡Por fin hay paz y calor en mi entorno!

Desde lejos, creo soñar que la lluvia arrecia… ¿o son lágrimas?


Autora: Lola Bertrand

No hay comentarios: