
Gime el día en cuadrantes oscuros
cuando humean las almas calcinadas
por fatuos fuegos radiactivos.
Te miro.
Desconsolada, la noche amplía su espectro
y busca con ahínco el radar de los murciélagos.
Te beso.
La piel se ampolla por la lluvia envenenada,
goteo impiadoso de lágrimas sulfuradas.
Te toco.
Se desmorona tu carne convertida en ceniza,
en pan de hambriento, migajas humanas.
Te imagino.
Risas cantarinas como el agua que golpea el cristal,
murmullos del líquido que desciende por el canalón.
Y sigues ausente.
Autora: Luci Garcés

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