
No se encontraba el viento con sus fuerzas de siempre,
ni aventar hojas secas podía y menos
mover olas.
No conseguía el aire ceñir al muslo encajes de polleras,
ni orear blusas blancas podía y menos
mover olas.
No había ánimo en el mar oscuro para airear espumas,
ni rozar a las rocas podía y menos
mover olas.
No estaba el alma preparada para plegarias y jaculatorias,
ni sacar el aliento de la boca podía y menos
mover olas.
No permitía el cieno negro de los hombres el vuelo del albatros,
ni agitar sólo una de sus plumas podía y menos
mover olas.
Sólo el silencio oscuro de los fondos en sombras,
sólo la sucia y pestilente muerte de las aguas,
sólo del pescador la lágrima indomable,
sólo la rebeldía indócil,
sólo un amanecer, podría
mover olas.
Autor: Luis Alcocer

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